23.4.09

caperucita ancianita

Los años no pasan en balde y si no que se lo digan a Caperucita. El camino a casa de su abuela, ahora la de su madre, era ya largo y tedioso para sus huesos. El caso es que la abuela, tras continuos ataques por parte del lobo, se hartó y resolvió irse lejos, muy lejos. Entonces la madre de Caperucita, para no dejar aquella hermosa casa a merced del tiempo, decidió irse a vivir allí y ya por fin dejar independencia a Caperucita. Pero la rutina continuaba y varios días a la semana tenía que ir a ayudar a su madre, que también estaba ya muy anciana. Aquel lugar seguía igual que siempre, el bosque tendría otros tantos años más pero se cuidaba muy bien.

Aquel era un día especialmente caluroso de principios primavera, Caperucita iba como podía por el tortuoso largo y trabajoso camino de siempre. El silencio era sobrecogedor, pero Caperucita ya estaba acostumbrada. Al llegar a casa de la madre, notó que estaba demasiado silenciosa, ni siquiera oyó la voz de su madre; quizás estuviera dormida. Se dirigió hacia la habitación y cual fue su sorpresa que se quedó paralizada en la entrada nada más clavar sus ojos en la cama:

¿Pero y tú qué haces aquí?preguntó Caperucita al lobo, que estaba vestido con la ropa de la madre, con un camisón blanco de complicados bordados y un gorro haciendo juego. La imagen de aquel lobo metido en la cama encogido, tapadito y con las gafas puestas en la punta del hocico era un poco ridícula. Caperucita no sabía si reír o llorar.

Pues... estaba por aquí de paso y ¡cof cof cof!le entró una gran tos seca que le impedía explicarse.

Pero las explicaciones sobraban. A lo que se refería Caperucita era a que el lobo no se daba por vencido.

Ya nos conocemos de sobra y sé perfectamente cuáles son tus intenciones. ¡Pero si tienes ya más canas que dientes!reía Caperucita.

El lobo la miraba de reojo con el ceño fruncido. En el fondo tenía razón pero de ella no se podía decir menos...

¿Y qué decimos de ti? Los años no pasan en balde, Caperucita...dijo el lobo.

Lo sé, ya no soy esa jovenzuela inocente a la que engañabas para que tomara el camino más largo y tú llegar antes hasta aquí para intentar comernos. ¿Es que no te cansas? ¿Qué es lo que has hecho ahora con mi madre?

¿Yo? Nada...- Sonreía trémulo el lobo. Caperucita viendo que el lobo no iba a tomar la iniciativa de comérsela, porque era demasiado viejo para sorprenderla rápidamente, ni decirle qué había hecho con su madre, decidió coger al lobo por las orejas.

Se acabó, ya estoy harta. La última vez me rescataron de tu barriga, pero ésta es que ni me vas a olerdecía esto Caperucita mientras se abalanzaba sobre la cama y destapó al lobo en un gesto veloz. Lo agarró de la cola y lo sacó a rastras de la cama. El lobo suplicaba que lo soltara, temía más por los cuatro pelos que le quedaban en su cola que por lo que le pudiera hacer Caperucita. Lo arrastró hasta la puerta de la casa, le dio una patada y le estampó la puerta en los hocicos. El lobo se quedó perplejo a la vez que dolorido. Nunca vio a Caperucita con tanta determinación, llegó a dejarle claro que no podría con ella, a la vejez. Así que llamó a la puerta: toc, toc, toc.

¿Qué quieres?dijo Caperucita.

Pedirte disculpas Caperucita...

Caperucita entreabrió la puerta y lo miro fijamente.

Han sido muchas las maneras que he intentado comertecomenzó a decir el lobo- y aunque a veces lo he conseguido siempre te has salvado de una forma u otra. Son muchos años ya y ambos estamos cansados. Es por eso que quiero decirte que ya te dejaré en paz, que no volveré a molestarte.

Caperucita no lo quería creer:

Si es así, vete ya, sino la próxima vez no saldrás de esta casa.

El lobo se daba la vuelta para marcharse cuando Caperucita le preguntó:

Pero antes de irte, dime, ¿dónde está mi madre?

El lobo giró la cabeza, la miró de soslayo y le dijo... :

Me la comí.

22.4.09

cuestión de tiempo...


Quimera, ser doloroso e incomprendido, lleno de esperanza e ilusión, de fantasía.
Quimera, quisiera yo darte la vida que otros se llevan consigo a sus sueños.
Quimera, pobre Quimera, sólo quiero entenderte y vivirte.
Quimera, quiero quererte como imagino que te querría.
Pero Quimera, me dejas con los pies en el suelo, sobre mi pesada realidad.
Sueño con tu libertad y tú siempre te quedarás adormecida en la mía.
Ay, Quimera, cómo quisiera yo poder quererte como me haces creer que te querría.
Y sin embargo, al final, acabaré contigo en la almohada. Cuestión de tiempo...

8.4.09

un sólo instante

Un recuerdo, del que ya no recuerdo el olor, ni el sabor, ni la hora, ni el lugar, ni las palabras, ni los gestos... Me ha dado por añorar tu mirada en aquel instante y el deseo de sentirte cerca.

Deduzco, después de todo, que te llegué a querer pero no quise apreciarlo, no quise confiar en los desaires en los que me envolvías, no quise soportar ser tu princesa rota.

Decido, a pesar de todo, acarrearte el pesar que supuso esa monotonía, y sólo quedarme, por un instante, contigo en un recuerdo.

7.4.09

moscas carnívoras

Es un mediodía prematuro de primavera. El sol calienta la piel, una piel bajo la que corre la sangre espesa llevando sentidos aletargados, adormecidos por el silencio de las voces; algunos escondidos supuran la bilis que rompe costra a costra hasta nunca llegar a sanar. Otros pasan desapercibidos.
Sentido es lo que falta a veces en las palabras que construyen un momento, una esencia para un recuerdo. A veces las palabras mueren sin ser oídas, otras los pensamientos no nacen al ser abortados por prejuicios infundados.

¿Y a quién le importa eso?


Dejamos que el sentido se coagule, que la piel no se mueva y nos atoramos de credenciales calamitosas. Nos bufamos de los sueños en pos de verdades impropias. Y luego lloramos por todo aquello que deseamos y por todas las vicisitudes que nos abaten una y otra vez. Por todo en lo que confiamos, por aquello que no queremos querer.

Nos petrificamos, nos odiamos, nos dejamos que las moscas nos devoren cuando ya no nos queden ilusiones.


Y entonces, seremos realmente felices.


El cielo es cada vez más azul y aún con dispersas nubes gruesas el sol calienta agradablemente.

6.4.09

1.4.09

abril

Comenzaba, con un todo aquello que calla sufre, se pudre y mis oídos se entaponan de deseos. Poco más o menos la imaginación complementa la realidad como vitamina D, intentando en instancias llegar a surtir efecto o en su defecto causar una sobredosis.

Continuaba, con algo mejor, mejor que las palabras, todo lo que conforma un gesto y una mirada. Rumor. Hablan de rumores que trae el viento, de vientos cuentistas que cuentan con la voz de tu interior.

Finalizaba, con un final sin fin, solo pausado por una lustrosa noche de sueños imperecederos, de recuerdos incansables, de risas inagotables, de cariños infinitos, de perspectivas en el futuro que acabarán por llegar.

divina