18.11.09

Nada es insignificante_II

Una tarde al salir del trabajo, el cielo amenazaba lluvia. Viendo que se mojaría esperó al autobús. El paraguas era un objeto que cuando se lleva encima no llueve, incluso sale el sol, y cuando no se lleva encima cae el chaparrón como el que le estaba cayendo a Alex en ese momento. La parada no tenía marquesina y el techado más próximo estaba lo suficientemente lejos para cuando llegara el autobús y no parase al ver a alguien detrás corriendo. Decididamente, se quedaría hecho una sopa. Para más inri, llevaba clavado cuarenta y cinco minutos. A la hora y media, resolvió volver andando, total, un resfriado tocaba como mínimo. A los quinientos metros una ola lo cubrió entero, el “maldito autobús” acababa de pasar y para más mofa había hecho otra de las suyas. Alex se empezaba a preocupar, pensando qué había hecho mal para que no tuviera un poquito de suerte. Se santiguó dos veces lentamente y apretó el paso
Al día siguiente relucía un sol asfixiante y en la mano de Alex brotó un hermoso pañuelo blanco-verdoso. Ahí estaba él, con su resfriado y su dolor de todo. Era viernes, gracias a lo que fuera, descansaría el fin de semana. Pero le daba la corazonada que los contratiempos no acabarían ahí. Intentó perturbar lo menos posible la voluntad de los objetos pero fue irremediable. Tuvo una visita que ni se imaginaba. Hacía años que no la veía, desde que él se marchó de casa para vivir su vida.
Abrió la puerta y se la encontró con los brazos abiertos y una amplia sonrisa gritando: —¡Aaaaaleeeex!
—¡Hola Ana! ¡Hermana! ¡Qué sorpresa! ¿Qué se ha perdido por aquí?
Ana arrugó la cara: —Siempre tan emotivo hermano...— Alex sonrió con sorna.
Su hermana Ana era la antítesis a él. La espontaneidad que esta desbordaba daba muchos quebraderos de cabeza a Alex y tenía comprobado que donde estuviese ella algo podía ir peor: —Pasa. ¿Qué te trae por aquí?
—Pues he venido expresamente a hacerte una visita y a...—Ana dejó el suspense en el aire y Alex se estremeció: — ... y si me acogías por un tiempo. Estoy buscando trabajo.
—¡Ah, vaya!— Alex no se lo pensó mucho y rápidamente respondió: —Claro, puedes quedarte. Te prepararé el trastero.— Ana se quedó perpleja “¿el trastero?”: —Gracias hermano, supongo...
Alex pensó que tal vez ya no fuera tan gafe y quería comprobarlo, por eso le dio esa oportunidad.

13.11.09

Nada es insignificante_ I parte

Nada es insignificante, esta era la constante premisa en la vida de Alex. Era un chico un tanto maniático a los ojos de los demás, pero que bajo esta apariencia excéntrica albergaba un terror respetuoso, un temor hacia los objetos que le rodeaban, ya podían ser de lo más cotidiano que, para él, escondían una fuerza secreta capaz de cambiar la suerte de quienes quisieran.

Aún así, Alex llevaba una vida aparentemente normal. Él pensaba que si respetaba a los objetos con los que convivía, estos a su vez no le originarían ninguna desgracia. Es por esto, que sus días eran todo lo ceremoniosos que Alex consideraba necesario, a no ser que alguna fuerza oculta le hiciese cambiar algo para que todo siguiera un curso tranquilo.

Comenzaba su día bien temprano, se aseaba, desayunaba, se vestía, mientras esperaba que la cama se enfriara y aireara, era lo último que hacía. Luego salía hacia el trabajo, se dirigía hacia la parada del autobús, si a las y veintidós no aparecía, eso quería decir que le tocaba ir a patitas. No era porque fuese a llegar tarde al trabajo, sino porque se sentía traicionado por el autobús, aunque después seguramente tuviera que arrepentirse por odiarlo y aprender a apreciarlo, porque cuando fuese de noche y lo necesitara, el autobús lo dejaría colgado. Seguro. Era una de las cosas por las que sentía un amor-odio. Pensaba después de esto, en la posibilidad de una bicicleta para desplazarse, pero era ésta a la que sí tenía un profundo respeto. “Después de aquel accidente...” se decía a menudo. Fue un accidente que sucedió tontamente pero del que tuvieron que intervenirle quirúrgicamente. Por eso, aunque viese todos los beneficios de una bici, tenía ese terror presente.

En el trabajo intentaba mantener la calma. Ver a todos esos objetos a que los maltrataban no le gustaba nada y se persignaba a escondidas. La fotocopiadora era especialmente insultada y aporreada. Cuando él tenía que manejarla, le susurraba cosas agradables y posaba suavemente su mano sobre la cubierta de plástico. Conseguía salir del paso; con él no debería tener ningún rencor. El ordenador era un hueso duro de roer. Aunque le fastidiase profundamente, intentaba mantener la calma para no zurrarle una manta de tortas y blasfemias... porque luego pasa que lo deja tirado con un trabajo terminado sin imprimir, y resulta que la avería consiste en un disco duro quemado. Así que mejor le dejaba su tiempo y miraba hacia otra parte, por si le incomodaba su vista fija en el monitor. El único problema que tenía con los compañeros era que ellos no se daban cuenta de lo mal que trataban a los objetos con los que convivían y siempre estaban exasperados y gritando. Alex intentaba tímidamente hacerles comprender la situación, aun sabiendo lo que pensaban de él. Se daba por vencido y desistía “ya verán lo que hacen”.

12.11.09

René Aubry

Sentiros humanos...

http://www.youtube.com/watch?v=n99lYsMl8Ns

29.10.09

[...]

La imaginación es sólo el simulacro de un albor que estuvo a punto de ser pero que el pensamiento mató.



(A ver, ¿cómo os tomais esto?)

28.10.09

Lienzos rotos

La mujer que había dentro de mí, me miraba en el espejo, escudriñando quizás el porqué de mi actitud. Aquel asunto le pareció mal llevado por mi parte, pero el impulso de mis sentimientos me pudieron. No pude evitar escupir toda mi bilis, una bilis acumulada durante años, me sentía obligada a ser marioneta que imitaba a los demás. Me miró en el espejo con ojos lastimeros, en el fondo me hacía comprender que sólo yo podía solucionarlo. Una sonrisa trémula se dibujó en mis labios y una nueva esperanza brotó en mis manos. Estaba convencida de que lo conseguiría.

2.10.09

(sin título)

(Sin título)

El tiempo se paró en una fecha y hora, en definitiva en unos números determinados. Esto no significa nada. A partir de entonces, nada existe, nada se crea, nada cuenta. La destrucción es lo único que se autoconfiere. El pensamiento es lo que transgrede a través de ese caos destructivo, más allá de las palabras y del aliento. Asi que toda materia se transforma, esta galimatía comienza a nomar creándose de nuevo.

29.6.09

las cosas más pequeñas se pierden fácilmente en falsos bolsillos

Un toque, un escarmiento, una sacudida, un calambre, una punzada, un cosquilleo, un temblor que espanta, atemoriza, dispersa la sangre en las sienes concentrada, abre los ojos de golpe y mira al frente, porque ya lo de atrás se desvanece en el presente. Respira... profundamente, relajando los músculos tensos, los huesos tiesos, los nervios erizados. Respira... y piensa de nuevo, disfruta de los nuevos pensamientos, de las nuevas esperanzas, de lo nuevo que vendrá.

28.6.09

miscelánea

Miscelánea de cosas varias es lo que se palpa en el ambiente. El principio de un fin, como se suele decir. Un adiós de lágrimas contenidas, un hola de caras desconocidas. Sonrisas que quedan atrás y las que quedan por venir. Gente que fue por la que será. Un despertar con una nueva conciencia aturdida, llena de emoción y de miedo, de intención y fuerza, pero asustada, por los nuevos tiempos que vienen y por los que son para el recuerdo. Inevitable a la par que imparable...

11.6.09

Personas

Porque hay personas básicas y esenciales en la vida, personas que son parte de los cimientos del día a día. Personas que sin ellas no es posible una alegría completa. Son la sonrisa asegurada, la corazonada fuerte. Personas que le dan gran parte del sentido a las cosas, que sin ellas no habría decisión completa para la mayoría de las acciones. Son personas a las que cada día habría que darles las gracias por existir, por todo lo que aportan sólo con su presencia.